Una corte de Rosas y Espinas | Capítulo 38

Portada del libro Una Corte de Rosas y Espinas | Capítulo 38: una pareja de una mujer y un fae inmortal, en medio del bosque.

Una corte de Rosas y Espinas

Una corte de rosas y espinas I

«El amor puede ser la más peligrosa de las maldiciones.»

Sarah J. Maas

Capítulo XXXVIII

Una corte de Rosas y Espinas

Una corte de rosas y espinas I

Capítulo XXXVIII…

Traté de no mirarme el brazo izquierdo mientras frotaba con un enorme cepillo el suelo del pasillo. La tinta de los tatuajes —que bajo esa luz se veía de un azul tan oscuro que parecía negro— era una nube en mis pensamientos, y estos eran bastante deprimentes aun dejando de lado el hecho de que yo me hubiera vendido a Rhysand. No conseguía mirar el ojo que estaba dibujado en mi palma. Tenía la sensación absurda, terrorífica, de que ese ojo me vigilaba.

Metí el cepillo en el balde que me habían arrojado los guardias de piel roja. Apenas los entendía cuando hablaban a través de sus bocas llenas de largos dientes amarillos, pero cuando me dieron el cepillo y el balde y me empujaron a un largo pasillo de mármol blanco, comprendí.

—Si no está fregado y brillante para la cena —había dicho uno de ellos, apretando los dientes cuando sonrió—, tendremos que atarte al asador y darte unas cuantas vueltas sobre el fuego.

Y diciendo eso, se fueron. No tenía idea de cuánto tiempo faltaba para la cena, así que me puse a limpiar frenéticamente. Me dolía la espalda y solo había estado fregando durante unos treinta minutos. Pero el agua que me habían dado estaba sucia, y cuanto más cepillaba el suelo, más repugnante se ponía. Cuando me acerqué a la puerta a pedir un balde de agua limpia, descubrí que estaba cerrada. No me ayudarían.

Una tarea imposible…, pensada solo para atormentarme. El asador… Tal vez esa era la fuente de los gritos constantes en las mazmorras. Unas pocas vueltas en el asador, ¿me abrasarían la piel, me quemarían lo bastante como para obligarme a otro trato con Rhysand? Maldije mientras seguía fregando, y los pelos del cepillo susurraron y crujieron contra las baldosas. Detrás iba dejando un arco iris de marrones. Gruñí mientras volvía a hundirlo en el balde. El agua sucia salpicó el suelo, manchándolo aún más.

La mugre aumentaba con cada cepillada. Respiré con desesperación, tiré el cepillo al suelo y me cubrí la cara con las manos húmedas. Bajé la mano izquierda cuando me di cuenta de que había apoyado el ojo contra ella.

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Este libro, ‘Una corte de Rosas y Espinas‘, es de la autora Sarah J. Maas.
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