
Pequeñas Cosas
«A veces, lo que cambia tu vida empieza con algo pequeño.»
Ana F. Malory
Capítulo VII
Pequeñas Cosas
Capítulo VII...
A la mañana siguiente, después de tomar una taza de café y un pedacito de tarta de manzana, Diana se acercó al gallinero, segura de encontrar allí a Esther. No le costó demasiado convencerla para que la acompañara al pueblo, sin embargo, no tuvo la misma suerte cuando le propuso ir con ellos a la feria.
—Ya no tengo edad para tanto bullicio —le respondió tajante para evitar que insistiera.
Supo, entonces, que un par de veces a la semana, la mujer merendaba con sus amigas, además de asistir a misa los domingos.
—Y yo pensando que vivías aquí, aislada del mundanal ruido —le había recriminado con tono jocoso mientras caminaban hacia la casa—. ¿Por qué nunca me lo has dicho?
—Prefiero escuchar lo que tengas que contarme que aburrirte con mis tonterías.
—¡Abuela! —protestó con el ceño fruncido.
—Anda, ve a decirle a Ethan que nos vamos mientras me cambio de ropa —zanjó así el asunto—. A esta hora quizá lo encuentres en el establo —añadió ya en el porche.
Consciente de que el encargo era tan solo una cortina de humo con la que evitar una discusión, Diana le dedicó una mirada de reproche antes de hacer lo que le pedía. La idea de encontrarse con el vaquero aplacó su enfado y la animó a acelerar el paso. Confiaba en encontrarlo allí, porque, de otro modo, no sabría dónde buscarlo, pensó al acercarse a la cuadra.
—¿Ethan? —lo llamó desde la entrada.
...
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A veces, las historias más importantes comienzan con momentos aparentemente insignificantes.
En Pequeñas cosas, Ethan y Diana descubren que algunas conexiones llegan cuando menos las esperas… y cambian todo sin hacer ruido.
Pero cuanto más cerca están el uno del otro, más difícil se vuelve ignorar lo que realmente sienten.
Este contenido forma parte del Plan Inspiración.
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