La Confesión de mi Madrastra | Capítulo 11

Portada de La Confesión de mi Madrastra | Capítulo 11: mujer adulta elegante y sensual, de vestido corto y escote profundo, en el interior de una casa lujosa al atardecer.

La Confesión de mi Madrastra

«Nunca quise desearla. Nunca pude dejar de hacerlo.»

Capítulo XI

La Confesión de mi Madrastra

Capítulo XI…

La tarde se había instalado en la casa con una pesadez que parecía filtrarse por las paredes. El sol golpeaba las ventanas del segundo piso, y el aire, quieto y cálido, olía a polvo y a madera vieja. Yo estaba de pie junto a la puerta de mi habitación, con la espalda pegada a la madera, sintiendo cómo el corazón me latía con una fuerza que amenazaba con salirse de mi pecho.

Isabella estaba arrodillada frente a mí.

Había subido hacía apenas unos minutos, sin avisar, sin llamar. Simplemente había abierto la puerta de mi cuarto y había entrado con esa sonrisa que ya conocía demasiado bien, esa sonrisa que decía ven, que tengo hambre de ti. No había habido palabras. No hacían falta. Se había acercado a mí, me había empujado contra la puerta, y había caído de rodillas con una naturalidad que me seguía sorprendiendo, incluso después de todas las veces que lo habíamos hecho.

Y ahora estaba allí, con mi miembro en la boca, y el mundo entero se reducía a eso.

Isabella se movía con una intensidad que rayaba en la desesperación. Su cabeza subía y bajaba con un ritmo rápido, casi frenético, y sus labios, húmedos y calientes, se deslizaban sobre mi erección con una avidez que me hacía temblar. No era la Isabella del principio, la mujer que medía cada gesto, que calculaba cada movimiento, que mantenía el control incluso cuando estaba de rodillas. Esta era otra. Esta era la que había ido emergiendo poco a poco, la que se había ido despojando de capas y capas de contención hasta quedar reducida a esto: una mujer que se tragaba mi miembro casi por completo, que lo lamía de arriba abajo, que lo succionaba con una ruidosidad que habría sido vergonzosa si no fuera tan profundamente excitante.

—Mmm —gemía contra mi piel, y el sonido vibraba a través de mi cuerpo como una corriente eléctrica.

Mis piernas comenzaban a entumecerse. No era solo el placer, aunque eso era parte. Era la postura, la tensión de mantener el equilibrio, la forma en que Isabella me sujetaba por las caderas y me atraía hacia ella, como si quisiera tragarme entero. Sentía cómo sus dedos se clavaban en mi carne, cómo su lengua jugaba con mi glande, cómo sus mejillas se hundían con cada succión.

Mientras ella trabajaba, mi mente, extrañamente lúcida en medio del placer, comenzó a divagar.

…

🔥 Continúa leyendo esta historia exclusiva

O si eres mecenas de mi Patreon, desbloquea este capítulo conectando tu cuenta aquí:

Login with Patreon


Este libro, ‘La Confesión de mi Madrastra‘, es de mi autoría, Annie Zarel.

Deja un comentario

error: