Una corte de Rosas y Espinas | Capítulo 35

Portada del libro Una Corte de Rosas y Espinas | Capítulo 35: una pareja de una mujer y un fae inmortal, en medio del bosque.

Una corte de Rosas y Espinas

Una corte de rosas y espinas I

«El amor puede ser la más peligrosa de las maldiciones.»

Sarah J. Maas

Capítulo XXXV

Una corte de Rosas y Espinas

Una corte de rosas y espinas I

Capítulo XXXV...

Sentí que recuperaba lentamente los sentidos, y que cada uno era más doloroso que el anterior. Primero oí un sonido de agua que goteaba, después el eco lejano de unos pasos fuertes. Un gusto a cobre en la boca…: sangre. Por encima del silbido de algo que tenía que ser mi nariz aplastada, el olor fuerte y picante del moho y el hedor de los hongos inundaban el aire frío, húmedo. Se me clavaban en las mejillas puntiagudas briznas de paja. Toqué con la lengua mi labio partido y el gesto me llenó de fuego el rostro. Hice una mueca, intenté abrir los ojos, pero solo conseguí separar un poco los párpados hinchados. Lo que veía, borroso, sin duda porque tenía los ojos amoratados, no me alegró el espíritu.

Estaba en una celda, en una prisión. Ya no tenía armas y mis únicas fuentes de luz eran las antorchas que ardían al otro lado de la puerta. Amarantha había dicho que pasaría el tiempo en una celda, pero cuando me senté, con la cabeza tan confusa que casi me desmayé de nuevo, se me aceleró el corazón. Una mazmorra. Examiné los finos rayos de luz que se arrastraban a través de las grietas de la puerta y la pared. Después, con cautela, me toqué la cara.

Dolía…, dolía más que cualquier otra cosa que yo hubiera soportado antes.

Me mordí la lengua para no gritar mientras con los dedos me tocaba la nariz y caían trozos de sangre seca a mi alrededor. Estaba rota. Quebrada. Habría apretado los dientes si no me hubiera estado latiendo la mandíbula en un remolino de agonía.

No podía permitirme el pánico. No, tenía que mantener a raya las lágrimas, tenía que conservar la cordura. Y tenía que revisar mis laceraciones lo mejor que pudiera para después pensar qué hacer. Tal vez podría usar mi camisa para elaborar vendajes…, tal vez me darían agua en algún momento y podría lavarme las heridas. Respirando de forma superficial a causa del dolor del pecho y las costillas, me exploré el resto de la cara. No tenía la mandíbula rota, y aunque se me habían hinchado los ojos y partido el labio, el peor daño era en la nariz.

...

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Feyre cruzó la frontera hacia un mundo donde la belleza y el peligro conviven en cada sombra.

Lo que comienza como un castigo pronto se convierte en algo mucho más intenso, oscuro y difícil de escapar.

En Una corte de rosas y espinas, cada capítulo acerca a Feyre a secretos capaces de cambiar su destino para siempre.

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