
Pequeñas Cosas
«A veces, lo que cambia tu vida empieza con algo pequeño.»
Ana F. Malory
Capítulo IX
Pequeñas Cosas
Capítulo IX...
El silencio fue protagonista durante el trayecto de vuelta al rancho; no era incómodo, aunque la tensión no resuelta hacía crepitar el aire en torno a ellos. Sus excitadas mentes solo eran capaces de pensar en lo que ocurriría al final del camino y las miradas que se dedicaban estaban cargadas de deseo mal disimulado. La anticipación les hacía burbujear la sangre y adornaba sus labios con una sonrisa. En un momento como aquel, las palabras estaban de más. Fueron sus cuerpos los que hablaron cuando, al detenerse frente al cobertizo, se bajaron del pick-up para buscarse con renovado entusiasmo y con las ganas de disfrutar de una noche de pasión intactas.
Apoyados una vez más contra la carrocería del vehículo, se besaron con calma a pesar de la agitación que los dominaba. Mientras sus lenguas jugaban a enredarse, sus manos también entraron en acción, explorando las formas del otro por encima de la ropa. Quizá por eso, porque necesitaban sentir la piel ajena, las caricias no tardaron en volverse más urgentes y el beso más ávido.
Sin apenas separarse, se acercaron a la entrada del edificio y aún se detuvieron allí unos minutos antes de entrar. Después, cogidos de la mano, con la respiración agitada y la mirada encendida, subieron la sencilla escalera que conducía al altillo. Una vez arriba, Diana no reparó en lo bonito que estaba el lugar, ni en las reformas que Ethan había realizado para conseguirlo. Estaba tan excitada que no podía fijarse en nada más que en el hombre que tenía delante y que, con un suave tirón, la pegó de nuevo a su cuerpo.
Una descarga de placer la sacudió por dentro cuando sus caderas se acercaron y sintió, contra la pelvis, el duro deseo del vaquero mientras su fragancia le asaltaba las fosas nasales, agitándola aún más. No dudó en ponerse de puntillas y rodearle el cuello con los brazos para pegarse más a él. Un gruñido de puro deleite trepó por su garganta cuando las manos de Ethan le cubrieron las nalgas y la apretaron contra su erección. Se restregó contra ella y entonces también él gruñó.
De repente, los besos pasaron a ser amplios, húmedos y voraces mientras sus dedos soltaban botones, bajaban cremalleras y apartaban la ropa que les impedían tocarse sin estorbos. Mordiéndose los labios, se liberaron de los zapatos de camino a la cama.
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A veces, las historias más importantes comienzan con momentos aparentemente insignificantes.
En Pequeñas cosas, Ethan y Diana descubren que algunas conexiones llegan cuando menos las esperas… y cambian todo sin hacer ruido.
Pero cuanto más cerca están el uno del otro, más difícil se vuelve ignorar lo que realmente sienten.
Este contenido forma parte del Plan Inspiración.
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