Yo te Quiero | Capítulo 4

Portada del libro Yo te Quiero | Capítulo 4: Elena, una joven mujer, hermosa, de cabello castaño. Ella está en un balcón, a la orilla de una laguna.

Yo te Quiero

Trilogía de los Sentidos III

«El amor solo existe cuando te atreves a sentirlo todo.»

Irene Cao

Capítulo IV

Yo te Quiero

Trilogía de los Sentidos III

Capítulo IV...

Abro los ojos poco a poco, con dificultad. Por primera vez en mucho tiempo, siento la tibieza de un cuerpo que duerme a mi lado. Es Martino. Esbozo una sonrisa, cierro de nuevo los párpados para volver a saborear la noche que acaba de transcurrir y pienso en el ritmo de su respiración, en el color de su piel, en todas sus zonas vírgenes que he explorado. Su ternura involuntaria y, por ello, tan franca ha sido lo más próximo al placer que he experimentado en mucho tiempo.

«Gracias, Martino».

Desentumezco los músculos y mis ojos buscan la luz apacible de la mañana. Me giro hacia un lado, me muevo despacio para no despertarlo. Martino sigue durmiendo, tiene el pelo enmarañado y la sonrisa cansada y satisfecha del que ha hecho el amor. Ha sido precioso ser su primera mujer y es estupendo tenerlo todavía a mi lado. Es pronto para las palabras, para las explicaciones que se sucederán.

En el duermevela, aparto la mirada de él y la poso en las paredes, el techo, los muebles. Veo el vestido azul eléctrico colgado de la puerta del armario y… ¡Dios mío, la boda! Abro desmesuradamente los ojos, debo de tener una expresión alucinada, digna de La naranja mecánica. ¿Por qué demonios no ha sonado el despertador?

Aterrorizada, extiendo un brazo hacia la mesilla y cojo el teléfono para ver la hora, pero está completamente muerto. ¡No es posible! ¡Y en este maldito piso ya no hay un despertador, porque el que tenía me lo llevé a Roma!

Con el corazón latiendo enloquecido enciendo la lámpara, busco el cargador en la mesilla, lo enchufo y lo conecto al teléfono, pero tiene tan poca batería que aún no se enciende. En ese momento, como la banda sonora perfecta de una película de suspense, el claxon rabioso de un vaporetto que cruza el Gran Canal rompe el silencio y me sobresalta. ¡Maldita sea!

Sin preocuparme ya por el ruido y sin temor a despertar a Martino, me levanto con un salto felino y me precipito a la cocina: ¡el reloj del microondas! Cuando leo los cuatro numeritos que aparecen en la pantalla lanzo un grito ahogado.

—¡Coño, coño, coño!

Son las diez y cincuenta minutos, Gaia se casa a las once y la iglesia, Santa Maria dei Miracoli, está en la otra punta de la ciudad.

...

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Hay emociones que pueden contenerse durante un tiempo.

Pero algunas conexiones terminan convirtiéndose en una necesidad imposible de ignorar.

En Yo te Quiero, Elena comienza a enfrentarse a sentimientos mucho más profundos, intensos y peligrosos de lo que imaginaba.

Este contenido forma parte del Plan Inspiración.

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