La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria | Capítulo 8

Portada - Yo te Miro

La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria

«El deseo puede borrar incluso a quien creíste ser.»

Capítulo VIII

La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria

Capítulo VIII...

Todavía corre por Madrid la leyenda —hasta ahora jamás desmentida y nunca formulada sino en susurros, o de la que se habla sólo de cuando en cuando y en la que nadie confiesa creer hasta que se vuelve a comentar otro caso— de que las parejas que al anochecer acuden al Retiro en sus coches para hacer el amor suelen sufrir una visión de pánico: en el momento mismo en que están a punto de llegar a la plenitud, de pronto se asoma por la ventanilla del coche la cabezota de un gran perro gris con relucientes ojos gris-oro, la lengua babosa que le cuelga acezante del hocico que ladra y ladra, las patas delanteras en la ventanilla, hasta que los amantes aterrados logran desenredarse y ponen en marcha el vehículo huyendo a toda velocidad de ese espanto que no entraba en sus dulces cálculos: la muchacha anegada en lágrimas o presa de un ataque histérico, el hombre pisando a fondo el acelerador y atento a los ladridos del perro que los persigue pero que, con la rapidez del coche, van quedando perdidos en la bulliciosa lontananza ciudadana. Son escasas las parejas cuyo amor sobrevive a esta prueba. Nunca nadie ha podido encontrar a ese perro, ni la policía que bien poco se ha preocupado de hacerlo porque con las cosas como ahora están, claro, deben preocuparse de problemas más serios; ni los vigilantes del parque que alguna vez se han propuesto investigar la posible verdad que puede haber detrás de tan siniestras murmuraciones que año tras año, persistentemente, se repiten, pero que tienen, al fin y al cabo, traza de no ser más que una alucinación histérica que, hay que confesar, puede no ser fruto sólo de fantasías coincidentes.

Blanca, después de que se retiró el pintor esa tarde, pudo permanecer en su habitación porque Luna se encontraba absorto ladrando hacia afuera, las patas afirmadas en la barandilla de la ventana. Se sentó al borde de su cama inmunda, en el colchón destripado, mirando el erguido lomo gris de la bestia, enflaquecida porque hacía días que no le daba nada que comer: Luna tenía hambre. Por eso ladraba. Pero no huía de su lado: se había adueñado de su habitación. El hambre era un motivo demasiado simple para explicar una conducta tan singular como la de este perro. Así, durante el transcurso de la tarde, Blanca pudo permanecer allí con los ojos clavados en la nada, atenta sólo al dolor de los mordiscos cuya inflamación le estaba haciendo escocer los muslos, la espalda, los brazos. Más tarde Hortensia golpeó su puerta. Al escuchar la respuesta de la señora marquesa, dijo muy quedo y aún más respetuosa que de costumbre:

...

❤️ Continúa leyendo esta historia exclusiva

La libertad de Blanca llegó acompañada de algo mucho más peligroso que el escándalo.

Entre fiestas decadentes, deseos ocultos e intrigas aristocráticas, cada paso la acerca a un destino cada vez más extraño e imposible de controlar.

En La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria, nada es tan inocente como parece.

Este contenido forma parte del Plan Inspiración.

Desbloquear acceso

```

Deja un comentario

error: