
Yo te Miro
Trilogía de los Sentidos I
«El deseo despertó el día que me atreví a mirarte.»
Irene Cao
Capítulo XV
Yo te Miro
Trilogía de los Sentidos I
Capítulo XV...
Hace días que Venecia ha enloquecido por el Carnaval. Los talleres de los artesanos y las sastrerías están en plena efervescencia y la ciudad ha sido invadida por un sinfín de puestos que venden máscaras, gorros y pelucas de todas las formas y colores. Han llegado hordas de turistas procedentes de todo el mundo. Cuando esa multitud está en circulación, moverse por las calles o desplazarse en vaporetto resulta increíblemente lento y difícil. Hay que armarse de paciencia y resignarse a la idea de que, sea cual sea tu destino, llegarás tarde aunque hayas salido con mucha antelación.
Es martes de Carnaval y estoy yendo a casa de Leonardo. Últimamente he vuelto a menudo al palacio y cada vez me gusta más ver de nuevo el fresco, que me recibe como si yo fuera una cara conocida. Entre Leonardo y yo se ha instalado una especie de rutina, una serie de pequeños hábitos que nos unen sin vincularnos. Sus mensajes, por ejemplo, me llegan de cuando en cuando para marcar el ritmo de nuestros encuentros, como una suerte de llamada al placer. «Ven a mi casa a eso de las cinco», me dijo ayer. «Ponte un vestido elegante y un abrigo. Vamos a una fiesta privada».
La última vez que me disfracé tenía doce años: iba vestida de Pierrot, con la cara maquillada y la inseguridad de una niña que ha dejado de serlo, pero que aún no se ha convertido en mujer. Sentía cierta vergüenza, embutida en una ropa que no era mía, y recuerdo que solo empecé a divertirme de verdad cuando me olvidé del disfraz.
Para esta velada, en cambio, me he puesto un vestido largo de seda azul oscuro y me he echado por los hombros el armuscinu de Leonardo. No veo la hora de sumergirme con él en la atmósfera carnavalesca, tan embriagadora y preñada de promesas. Se dice que en las fiestas privadas que se celebran en algunos palacios de Venecia durante el Carnaval sucede de todo. Yo nunca he asistido a una, y si por un lado siento un leve temor, el hecho de ir con él me tranquiliza.
Saludo al fresco y subo a la habitación de Leonardo. Está acabando de arreglarse. Lo miro apoyada en la jamba de la puerta. Se ha puesto un esmoquin negro brillante, elegantísimo, y encima un gabán de seda de color verde oscuro, muy parecido al mío. El conjunto le da un toque especial a su belleza tenebrosa.
Se acerca a mí y me saluda con un beso.
🔥 Continúa leyendo esta historia exclusiva
La tensión apenas comienza.
Lo que sigue en Yo te Miro profundiza en una conexión cada vez más intensa, peligrosa e imposible de ignorar.
Este capítulo forma parte del Plan Inspiración.


