Revolcadas Nocturnas con mi Madre | Capítulo 8

Revolcadas Nocturnas con mi Madre | Capítulo 8: Ana, en ropa interior, de pie, en el dormitorio de John.

Revolcadas Nocturnas con mi Madre

«Cuando la lujuria te domina.»

Capítulo VIII

Revolcadas Nocturnas con mi Madre

Capítulo VIII…

El despertador sonó a las seis y media, pero ya estaba despierto desde antes. Había estado mirando el techo, dando vueltas en la cama, tratando de ordenar lo que había pasado la noche anterior. Pero no podía. Cada vez que cerraba los ojos, veía su cara, la forma en que me había mirado justo antes de que pasara. La sensación de sus labios contra los míos seguía ahí, como si todavía estuviera ocurriendo.

Me levanté con el corazón acelerado, aunque no sabía por qué. No sabía qué iba a pasar.

Abrí la puerta de mi cuarto y me asomé al pasillo. Silencio. Las puertas de los demás dormitorios seguían cerradas. Valeria no se había levantado aún, y Matías y Alma dormirían hasta que mi madre los fuera a despertar para el colegio de ellos. Pensé que era el primero en bajar. Pero cuando llegué al final de las escaleras, escuché una voz.

La de ella.

Estaba en la cocina, y por el tono, sabía que estaba hablando por teléfono. Me detuve en el último escalón, a medio camino entre la planta baja y el segundo piso, y me quedé quieto. No quería espiar. No era mi intención. Pero mi cuerpo no se movió.

—…no, Mary, no me lo creo ni un poquito.

Su voz sonaba diferente. No era el tono que usaba con nosotros, los hijos. Era más crudo, más directo. Como si estuviera hablando con alguien que sabía todo. Me apoyé contra la pared y escuché.

—¿Cómo que no? Si él me dijo que era un viaje de negocios, que iba a estar fuera toda la semana. ¿Toda la semana? Mary, por favor. Yo no nací ayer.

Una pausa. Su amiga debía estar diciendo algo al otro lado.

—Claro que estoy segura. Mira, anoche llegó como a media noche, ¿sí? Llegó y se fue directo a la cama. Ni siquiera me saludó bien, nada más me dijo ‘estoy cansado’ y se durmió. Y esta mañana cuando me desperté, ya no estaba. Se fue antes de las seis, Mary. Antes de las seis.

Entendí lo que estaba diciendo. Mi padre había llegado tarde anoche, después de que ella y yo volviéramos del cine. Cuando llegamos, él aún no había llegado. Después de… el beso, yo me fui directo a mi cuarto, ella subió al de ellos. Y esta mañana, él ya se había ido. Antes de que yo bajara.

Mi padre casi no estaba en la casa desde hacía tiempo. Llegaba tarde, se iba temprano, y cuando estaba, pasaba horas encerrado en su estudio o viendo la tele sin hablar con nadie. Siempre había pensado que era el trabajo, que la fábrica lo consumía. Pero ahora, escuchando a mi madre, empecé a entender.

—…¿qué crees? No, no me ha dado ninguna prueba. Pero yo sé, Mary. Una mujer sabe. Y yo sé que él está con alguien más.

Su voz se quebró un poco, y sentí un nudo en el estómago. Mi padre le era infiel. Lo sabía desde el otro día, cuando la escuché hablar por teléfono. Pero oírlo de nuevo, confirmado, con ese tono de dolor en su voz, era distinto. Me pregunté cómo podía hacerle eso. Mi madre era… bueno, era ella. Era hermosa, atenta, siempre pendiente de todos. ¿Cómo alguien podía buscar otra cosa teniéndola a ella?

—Pero bueno, ya ni modo. Lo que tiene que pasar, pasa. Yo ya no voy a estar llorando por eso.

Hizo una pausa, y luego su tono cambió. Se volvió más ligero, casi burlón.

—Y por eso se los voy a seguir poniendo.

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Este libro, ‘Revolcadas Nocturnas con mi Madre‘, es de mi autoría, Annie Zarel.

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