Los Secretos de Teresa, mi Abuela | Capítulo 8

Los secretos de Teresa, mi abuela | capítulo 8, retrato realista de mujer madura de 58 años, voluptuosa y segura, en su sala de estar al atardecer con vista al jardín.

Los Secretos de Teresa, mi Abuela

«La primera vez que la vi romper las reglas, entendí que yo también quería aprender a romperlas con ella.»

Capítulo VIII

Los Secretos de Teresa, mi Abuela

Capítulo VIII…

Los números bailaban frente a mis ojos como letras en un idioma que ya no comprendía.

La pantalla de mi laptop llevaba más de una hora mostrando el mismo informe de ventas del segundo trimestre, y yo seguía sin haber avanzado más allá de la primera página. Las cifras se mezclaban con imágenes que no tenían nada que ver con el trabajo: el conjunto verde lima, la mano deslizándose por la cintura de Teresa, la puerta del edificio cerrándose con un golpe sordo que aún resonaba en mis oídos.

Pasaron tres días.

Había perdido la cuenta de las horas desde aquel viernes, desde que me quedé sentado en el auto como un idiota, mirando la fachada de un edificio que no conocía, esperando que ella saliera, sabiendo lo que estaba haciendo allí dentro. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen regresaba: Teresa bajando del auto deportivo, el entrenador con su sonrisa de suficiencia, la mano en su espalda, esa proximidad que yo había creído exclusiva.

Había dormido mal desde entonces. El sueño llegaba en fragmentos, interrumpido por pesadillas que no recordaba al despertar pero que dejaban un regusto amargo en mi boca. Por las mañanas, al mirarme en el espejo, veía algo que no reconocía del todo: un hombre más serio, con los ojos más duros, con una determinación que no había estado allí antes.

La oficina estaba tranquila. El murmullo de mis compañeros de trabajo llegaba amortiguado por la puerta cerrada de mi oficina, un rumor distante que apenas lograba atravesar la niebla de mis pensamientos. Afuera, el sol de la tarde se filtraba a través de la ventana, proyectando sombras alargadas sobre mi escritorio.

Pero yo no veía el sol.

Veía a Teresa.

Veía la puerta del edificio cerrándose.

Veía las casi dos horas que pasé esperando, sintiendo cómo la furia se enfriaba lentamente, transformándose en algo más duro, más afilado.

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Este libro, ‘Los Secretos de Teresa, mi Abuela‘, es de mi autoría, Annie Zarel.

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