
Dominada por el Deseo
«Cuando el deseo manda, rendirse también puede ser un placer.»
Capítulo IX
Dominada por el Deseo
Capítulo IX...
Entrar corriendo en el dormitorio sería una idea estúpida para alguien que intentaba evitar por todos los medios la tortuosa necesidad de hacer el amor con el hombre que la perseguía.
Conteniendo un gemido de frustración, Morgan pensó a toda velocidad. ¿Dónde diablos podía esconderse en esa cabaña de tres al cuarto? El pantano no era lugar para una chica de ciudad, en especial de noche. No le hacían demasiada gracia ni los caimanes ni las ranas ni cualquier otra cosa que tuviera enormes dientes.
La puerta, la que estaba al final del pasillo. Antes había estado cerrada con llave, pero no recordaba que Jack hubiera echado el cerrojo después de que se marchara Deke. Quizá si conseguía llegar hasta ella, podría encerrarse en la habitación y librarse de Jack. Lo dejaría fuera un buen rato a ver cómo le sentaba. Que se conformara con mirar la cama que casi había ardido en llamas con el calor abrasador de sus cuerpos.
Girándose, Morgan corrió por el pasillo a toda velocidad.
Dios mío, no se podía creer que estuviera huyendo de él, ya se insultaría a sí misma por esa estupidez más tarde. Por el momento, no se le ocurría ninguna otra manera de librarse de la húmeda y cálida seducción de su voz tentándola hasta hacerle perder el juicio. Quería someterla y jugaría duro con ella hasta que le entregara cada gramo de su alma y de su control.
De ninguna manera pensaba darle el gusto.
Con pasos estrepitosos, Morgan logró llegar a la puerta con Jack pisándole los talones. Sus dedos calientes y temblorosos agarraron el frío latón del picaporte, pero él la alcanzó, atrapándola contra la puerta. Su mano se cerró sobre la de ella antes de que pudiera girar el picaporte.
—¿Estás segura de que quieres entrar ahí? —dijo jadeante contra su cuello.
«¡Sí! La puerta tiene cerrojo». Si pudiera entrar y poner esa puerta de por medio…
Pero mientras luchaba contra los escalofríos provocados por su cálido aliento y su cercanía, Morgan se percató de repente de que él tenía las llaves para abrir la puerta. ¡Maldita sea!
—No creo que quieras —continuó Jack.
—¿Es ahí donde guardas los cadáveres? —se burló ella, esperando cabrearle.
Pero él simplemente se rió, con una risa ronca que vibró a través del cuerpo de Morgan. Incluso ahora, él desafiaba su comprensión de los hombres en general y de él en particular. Por el amor de Dios, era capaz de enfurecerla e intrigarla a la vez.
—Es muy probable que los prefirieras a la verdad —la advirtió con una suave sonrisa en su voz—. Pero adelante, mira.
Él se estaba burlando de ella. Eso era todo. Intentaba asustarla y ella no estaba dispuesta a permitírselo ni un minuto más.
Usando todo su peso, Morgan se echó hacia atrás, esperando quitárselo de encima para poder abrir la maldita puerta y pasar al otro lado.
Con la risa retumbando en su pecho, Jack sólo retrocedió un paso.
—Entra. Pero no digas que no te lo advertí.
Morgan vaciló. ¿Y si en realidad no estaba jugando con ella? ¿Qué diablos podía esconder allí? ¿Y si su intención era que profundizara en sí misma más de lo que había hecho ya?
Sacudiendo la cabeza, Morgan decidió que él sólo trataba de desalentarla. Había corrido tras ella demasiado rápido para detenerla e impedir que entrara en la habitación.
—Que te den —siseó—. Apártate.
Jack sólo sonrió como si no tuviera preocupaciones en el mundo e hizo un ademán para que entrara. Negándose a sentir temor por lo que pudiera encontrar allí, Morgan giró bruscamente el picaporte y abrió la puerta.
...
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Morgan creía saber cómo manejar la atención, el peligro y el deseo.
Hasta que alguien comenzó a observarla demasiado de cerca.
En Dominada por el Deseo, la tensión aumenta con cada encuentro entre Morgan y Jack, mientras secretos, obsesiones y amenazas comienzan a mezclarse.
Porque a veces, la persona encargada de protegerte… también puede convertirse en tu mayor debilidad.
Este contenido forma parte del Plan Inspiración.
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