Mi Ardiente Suegra | Capítulo 8

Portada de la historia Mi Ardiente Suegra | Capítulo 8: María, mujer madura caminando por la orilla de la playa en un día soleado al atardecer. Lleva un bikini floreado de dos piezas con pareo ligero, sandalias de playa, sombrero de ala ancha y gafas de sol. Su figura es curvilínea, con caderas amplias, y su cabello rubio oscuro llega hasta los hombros. El mar y la arena iluminados por la luz cálida del atardecer crean un ambiente veraniego y relajado.

Mi Ardiente Suegra

«La tentación no me quitó lo que tenía… me obligó a elegir quién quería ser.»

Capítulo VIII

Mi Ardiente Suegra

Capítulo VIII…

La luz entraba filtrada por las cortinas de un blanco sucio, como si el sol mismo dudara antes de meterse en aquella habitación de hotel. Los primeros rayos se colaban por las rendijas, dibujando líneas doradas en el suelo de madera desgastada. Yo aún tenía los ojos cerrados, pero ya sabía que era de día. Mis párpados, aún pegajosos por el cansancio, se negaban a abrirse del todo.

Pero mi cuerpo ya estaba despierto.

Mi mente empezó a reconstruir la noche anterior, pieza por pieza, como quien arma un rompecabezas borroso. Primero la habitación, las dos camas individuales ridículamente separadas por una mesita de noche que parecía un muro. Después, las batas de baño, la conversación que empezó tensa y terminó siendo un pretexto. Luego el trago, ese calor líquido corriendo por las venas.

Y entonces, las imágenes se volvieron nítidas.

Ella de rodillas. Su boca. El sonido húmedo, casi obsceno, de sus labios alrededor de mi erección. Cómo había inclinado la cabeza, dejando que su cabello rubio oscuro con hebras doradas me rozara los muslos. Y después, cuando la puse boca arriba y la penetré por primera vez, el gemido ahogado que soltó, como si hubiera estado esperando eso toda la vida.

Pero eso no fue todo.

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Este libro, ‘Mi Ardiente Suegra‘, es de mi autoría, Annie Zarel.

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