
Yo te Miro
Trilogía de los Sentidos I
«El deseo despertó el día que me atreví a mirarte.»
Irene Cao
Capítulo XIII
Yo te Miro
Trilogía de los Sentidos I
Capítulo XIII...
La última cosa que me siento capaz de afrontar ahora, tanto física como emocionalmente, es una sesión de total restauración de mi persona para la fiesta de Nochevieja del hotel Hilton. Gaia y Brandolini me han invitado y todos mis intentos de rechazar la propuesta han sido inútiles. Debería sentirme agradecida con mi amiga y su «novio», pero, dado el humor que tengo, la idea de ser la incómoda tercera persona durante toda la velada me deja la moral por los suelos. Estoy sola, sin Leonardo, y me rodeará una multitud alegre. Me siento huraña y arisca, quizá porque me afecta también el clima y en este momento un espantoso cielo plúmbeo me amenaza desde la ventana.
Habría preferido quedarme esta noche en casa viendo una película en pijama y tapada con el edredón de patchwork, arriesgándome a sufrir diabetes debido a un atracón de After Eight.
En cambio, aquí estoy, luchando delante del espejo. Tengo que alisarme el pelo, depilarme de pies a cabeza, pasarme la crema reafirmante por el pecho y los muslos, ponerme la ropa interior de color rojo, cubrirme las mejillas de colorete, extender la sombra iridiscente en los párpados y el pintalabios de larga duración en la boca. Todo esto ¿para quién? Tenía sentido hacerlo para Leonardo, para que me encontrase atractiva, pero ahora tengo la impresión de que no sirve para nada. ¡A saber qué estará haciendo ahora! ¡Y con quién! Tengo síndrome de abstinencia de él y cada vez lo deseo más, con la avidez de una drogadicta. Lástima que ningún camello pueda facilitarme la droga que necesito en este preciso momento.
Suena el telefonillo. Deben de ser Gaia y Jacopo, que llegan puntualísimos para sacarme de aquí y llevarme a la fuerza a su fiesta de Nochevieja.
—Bajo enseguida —digo desganada por el auricular.
—De acuerdo, date prisa —contesta Gaia alegremente.
Echo una última mirada al espejo poniendo en su sitio un mechón rebelde —la verdad es que es hora de volver a darle forma a mi antigua melena de paje— y me precipito por la escalera procurando no tropezar con el abrigo.
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La tensión apenas comienza.
Lo que sigue en Yo te Miro profundiza en una conexión cada vez más intensa, peligrosa e imposible de ignorar.
Este capítulo forma parte del Plan Inspiración.


