
Enamorado de Ella
«Cuando el deseo te encuentra, ningún sueño vuelve a ser el mismo.»
Capítulo XX
Enamorado de Ella
Capítulo XX…
¡Mío!
Lucía no había abierto la boca durante el camino, se pasó todo el trayecto mirando a través del cristal y suspirando. Andreu se moría cada vez que escuchaba esbozar un lamento de su boca. Se sentía culpable de lo que había sucedido. Si hubiese pensado que desde el edificio próximo alguien estaría haciendo fotos de su idílico encuentro, habría saltado por la ventana para degollarlo. Sin embargo, no presintió nada. ¿Quién iba a pensar una locura como esa? Nadie salvo un ruin y bastardo hijo de puta. Recordó la cara que puso ella cuando observó las fotos. Pudo notar cómo se le rompía el corazón en mil pedazos. Pero juró que el cerdo pagaría por su proeza.
—¿Qué piensas? —Lucía observó el enfurecimiento en el rostro de Andreu.
—¿Sinceramente? —Ella asintió—. Que mataré a tu marido en cuanto tenga una mínima posibilidad.
—¡Bobo! —Lucía golpeó despacio la rodilla del hombre provocando con el roce un estado de excitación y lujuria.
—¡No me toques! ¡Por Dios! Que no quiero aparecer en tu casa con esta condición… ¿Acaso no te das cuenta que me excitas con tan solo mirarme? —Sonrió.
—¡Ja, ja, ja! —carcajeó.
—¿No te lo crees? ¡Mira! —Levantó un poco su cadera—. Ya está preparada para ti. Ahora debo pensar en casos que no he resuelto para bajar la inflamación. —Tomó aire y le dijo con dulzura—: Sé que es difícil de comprender, Lucía. Soy el primero que no lo hace, pero desde que te vi en el restaurante creo que estoy enamorado de ti. He hecho locuras que ni yo mismo las explico: Te seguí con el coche cuando te marchaste del restaurante, luego entré en el club tras tus pasos; Cuando huiste despavorida, me encerré en mi piso para no parar de beber…
—Pero ahora estoy aquí, contigo. Y te prometo que no saldré huyendo por temor a lo que siento. —Se acercó e inclinó su cabeza sobre el hombro masculino.
—Pensé que jamás volvería a verte y me volví loco. —Posó su barbilla sobre el pelo oscuro de Lucía e inspiró con fuerza.
—Yo también pensé perder la cordura cuando te vi entrar en el club desnudo, perdido, solo. Aunque creo que más bien serían celos, porque tuve unas ganas enormes de tirar de los pelos a todas las amas que se te acercaron.
—Yo solo recuerdo el vaivén de unas caderas acercándose. —Besó el cabello.
—Creo que desde ese instante sentí que eras mío y que nadie debía tocarte, salvo yo. No lo entiendo ni lo quiero comprender, pero es así. Te necesito y deseo que formes parte de mi vida, con o sin contrato sexual.
—¡Ven aquí! —Pasó un brazo protector sobre el hombro de la mujer y la atrajo aún más a él—. ¿Te he dicho que te pertenezco y que no quiero estar con nadie, salvo contigo? Es por si no te ha quedado claro, te lo repito las veces que haga falta.
—Alguna vez que otra te lo he escuchado. —Besó la mejilla de su hombre.
—Bien, pues aclarado el tema de que vamos a estar siempre juntos, arreglemos ahora el problema de tu estúpido exmarido, y luego, cuando los niños estén viviendo en su nuevo y confortable hogar…
—¿Nuevo hogar? —Lucía interrumpió la frase asombrada y alzó la mirada para ver con claridad a Andreu.
—Había pensado llevaros a mi casa. No es gran cosa, pero en el ático podemos convivir bastante bien. Cuatro dormitorios, una espectacular terraza con vistas hacia el interior de la ciudad y a la montaña. —El joven mostraba en sus ojos la ilusión y alegría de comenzar con ella algo nuevo, algo que jamás había pensado tener, una familia a la que adorar y cuidar—. Aunque la sorpresa más atractiva de mi casa está en el cuarto de baño. —Arqueó varias veces las cejas—. Tengo un inmenso espejo…
—¿En la bañera? —Lucía empezó a acariciar con sus dedos el pecho del joven.
—Sí, ahí mismo. Ya la utilizaremos las veces que desees, pero ahora deja de tocarme, por favor.
—¿Por? ¿No te gusta? —preguntó asombrada.
—No es eso, mon amour, es justo lo contrario. Me gustas tanto que ya me has vuelto a poner a punto… —Inspiró con profundidad para mantener el control sobre lo que ya no lo tenía.
—Te prometo que aliviaré todas tus necesidades cuando esto termine. — Lucía le abrió unos botones de la camisa y acarició el pecho de su amante con la lengua.
—No voy a poder esperar tanto —susurró.
—Lo sé…
Este libro es de la autora Dama Beltrán.
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