
El Asesino de la Red Social
«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»
Capítulo IV
El Asesino de la Red Social
Capítulo IV…
Cuando aquel hombre abrió el ataúd en el que estaba encerrada y condenada a morir, sintió que volvía a nacer pero también que algo oscuro comenzaba a gestarse en su interior.
Él mismo la había llevado al hospital para que se aseguraran de que el golpe que había recibido en la cabeza no era nada más que un feo chichón. También había llamado a la policía, pues al parecer no era la primera vez que pasaba algo así en su cementerio y más de una víctima de aquel engreído y pretencioso asesino de la red había sido enterrada como ella allí. Sin embargo, ella había conseguido sobrevivir y eso la llenaba de algo que la hacía sentir poderosa.
Le habían hecho todo tipo de pruebas para finalmente llegar a la conclusión de que no tenía nada y que aquel golpe de su cabeza se curaría en unos días. Nunca se había considerado una persona vengativa pero, tras aquella experiencia, necesitaba algún tipo de compensación. No iba a dejar que aquel tipo se fuese de rositas después de haber estado a punto de mandarla al otro barrio. No, se merecía sufrir, saber lo que se siente cuando notas que la vida se escapa poco a poco de tus manos. No iba a dejar que aquello quedase así.
La suerte llamó a su puerta en cuanto un policía taciturno, de expresión dura y cuerpo de infarto se presentó en el hospital avisado por el enterrador. Le aseguró que iba a hacer todo lo posible por encontrar a su agresor y que, para ello, tenía un plan al que debían ceñirse totalmente si querían tener éxito. Lo que aquel policía había ideado era una locura tan inverosímil que lo más probable fuera que tuviesen éxito.
En primer lugar todo el mundo debía darla por muerta, lo cual no sería un gran problema ya que no tenía familia que pudiera llevarse un gran disgusto por ello. Lo siguiente, fabricar una nueva vida con un alter ego que llevaría a cabo el trabajo sucio. El policía se encargaría de eso, de darla una nueva identidad y ella se haría cargo de que todo el mundo supiese que el asesino de la red había vuelto a actuar y había matado de nuevo.
Sus pensamientos volaron hacia el policía, recordó su cara mientras le contaba todo lo que le había hecho aquel malnacido antes de intentar asesinarle. Adivinó lujuria en sus ojos y eso la encantó por lo que siguió hablando, describiendo todo con absoluta precisión, saboreando las reacciones de su interlocutor. ¿Tendría familia? Por su aspecto se podría decir que habría sido capaz de conquistar a cualquiera, pero su actitud le decía lo contrario. Era un hombre reservado, sombrío, enamorado de su trabajo. Se lo imaginó por la noche, sólo en su pequeño piso, tal vez con alguna mascota, masturbándose pensando en ella.
Sonrió, no sabía muy bien qué era lo que la pasaba, pero estaba segura de que ya no era la misma persona. La mujer que el asesino de la red había metido en una caja para dejarla morir había muerto y de ella, como si de una hermosa mariposa se tratara, había surgido una nueva mujer ávida de nuevas experiencias y sobre todo de venganza. Al parecer aquel macabro juego aún no había acabado y ahora que ambos sabían de qué trataba tal vez el resultado final no fuera el mismo. Tal vez aquella vez sería ella quien, a modo de recochineo, le diría a él «Game over» cuando todo hubiese acabado. Nada la habría hecho más feliz en aquel momento que ver la cara de aquel infeliz cuando se diese cuenta de que el cazador había sido cazado.
Recogió sus cosas del hospital y se tapó la cara con un pañuelo, de momento no podía dejarse ver, no cuando en todas las noticias salía su cara y el titular de muerta. Tampoco podía volver a su casa, hubiera sido sospechoso, así que había acordado con el policía que se hospedaría en un pequeño hotel cerca de la casa del madero para tenerlo todo más controlado. Él mismo pagaría su estancia allí, aunque en la mente de ambos ya se había formado otra idea en la que ninguno de los dos pasaba la noche a solas en una enorme y vacía cama.
Este libro es del autor Alison R Lee.
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