Enamorado de Ella | Capítulo 21

Portada del libro Enamorado de Ella | Capítulo 21: Lucía, una bella mujer, de cabello castaño. Ella está en la sala de estar.

Enamorado de Ella

«Cuando el deseo te encuentra, ningún sueño vuelve a ser el mismo.»

Dama Beltrán

Capítulo XXI

Enamorado de Ella

Capítulo XXI...

Pero…

El señor Carlos Sandoval estaba como loco dando vueltas por toda la casa. La cajetilla de tabaco había volado en menos de dos horas y llevaba más de una década sin fumar. La noticia de la deshonra de su hija no se la esperaba. Las fotos aparecían una y otra vez en su retina. No entendía cómo su princesita había caído en el mundo de la perversión si él había luchado con uñas y dientes para que no sucediera. Sin lugar a dudas era hija suya, pero era una mujer y no estaba bien visto que ellas tuviesen más apetito sexual que ellos. Podía llegar a comprender su desconsuelo o su insatisfacción, pero siempre albergó la esperanza de que fuese inteligente, y aquel acto le gritaba que era todo lo contrario. «Esto tiene que ser un trastorno esporádico —se decía una y otra vez para calmarse—. Este bastardo es tan egoísta, que no le ha dado a mi hija el placer que ha necesitado y por eso se ha visto con otros. Así que puedo alegar que, ante la separación y el estado de soledad, ella ha perdido la cordura de manera temporal». Apoyó las manos sobre la mesa y respiró con profundidad. Tenía que controlar su estado de ansiedad provocado por el contratiempo, puesto que, si no lo conseguía, no vería a sus nietos crecer. Debía aceptar lo evidente, Jorge era un hombre bastante egoísta y ambicioso y nunca se preocupó de darle a su hija ese amor que ella tanto necesitó, y la pesadumbre la habría vuelto loca. Sin embargo, ahora estaba más preocupado por sus nietos que por los padres de ellos. Estuvo a punto de dárselos a Jorge, pero los llantos de su mujer y una vocecita en su interior que le gritaba que no lo hiciera, le hizo negar tal acto y esperar a que su hija también contara su parte de la historia.

Miró el reloj. Eran más de las seis de la tarde y, con todo el lío, ni habían almorzado. Los niños correteaban por la casa y tenían al servicio de los nervios detrás de los pequeños. ¿Cómo explicarles que no podían marcharse con su padre cuando este los esperaba en la puerta? La mayor de sus nietas, Eva, con seis años de edad, preguntaba insistentemente cuándo se iban a marchar, a lo que él solo podía responder «cuando llegue tu madre». No era capaz de contestarles nada más, tampoco sabía qué debía decirles, no deseaba meter la pata. Miró una foto de su hija cuando tenía la misma edad. Sonreía y disfrutaba de un hermoso día de campo. Recordó que fue la única vez que había estado jugando con ella y se entristeció. Por aquel entonces, los militares debían comportarse como unos machos destructores y no podían mostrar el amor que tenían en sus entrañas. Lucía no entendía por qué su padre no la besaba delante de su ejército, ni tampoco entendió por qué la llevaba lejos del cálido hogar.

—Señor. —La voz de la ama de llaves le sacó de sus pensamientos.

—Dime, Clara —respondió girándose hacia ella.

—La señorita ha llegado, y desea que le anuncie que no viene sola. La acompaña el señor Andreu Voltaire.

...

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Lucía llevaba años viviendo una vida que parecía perfecta… hasta que alguien apareció para desordenarlo todo.

En Enamorado de Ella, cada encuentro entre Lucía y Andreu vuelve más peligrosa la tensión que intentan ocultar.

Porque hay deseos que comienzan como una simple curiosidad… y terminan cambiando una vida entera.

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