Yo te Siento | Capítulo 8

Portada del libro Yo te Siento | Capítulo 8: Elena, una joven mujer, hermosa, de cabezo castaño. Ella está en un dormitorio al lado de la cama.

Yo te Siento

Trilogía de los Sentidos II

«Porque olvidarte no es posible cuando aún te siento en la piel.»

Irene Cao

Capítulo VIII

Yo te Siento

Trilogía de los Sentidos II

Capítulo VIII...

Filippo y yo nos acabamos de levantar y estamos desayunando. El sol de julio se filtra por las ventanas abiertas e inunda la cocina de luz y calor. Somos el retrato de una pareja normal que comparte el inicio de un día normal. Filippo bebe su habitual café amargo e hirviendo, en tanto que yo permanezco fiel a mi taza de tisana ayurvédica. Filippo trajina con su iPad mientras yo hojeo el Corriere della Sera, que, abierto, ocupa la mitad de la mesa de la cocina. Él está ya impecable, vestido para ir a las obras; yo, en cambio, sigo en pantalones cortos y camiseta, con el pelo desgreñado y bolsas bajo los ojos. Todo es normal, sin crispaciones. Un momento de ordinaria vida doméstica.

Al menos, visto desde fuera.

Han pasado varias semanas desde el día en que estuve en casa de Leonardo para decirle que lo nuestro se había acabado para siempre, y me siento en estado de convalecencia. Estoy aquí sana y salva, pero aún me siento débil, tengo que protegerme —lo sé— del riesgo de volver a caer en sus brazos. Recorro con la mente todos los pormenores de esa tarde, desde el vaso hecho añicos en el suelo a mi fuga en el taxi, y tengo la impresión de que ha pasado un siglo desde entonces. Leonardo está lejos, ya no existe, ha salido de mi vida. No me volverá a buscar ni pasará a recogerme a San Luigi dei Francesi ni a ningún otro sitio.

El verdadero problema es ahora Filippo. No hace sino reavivar el recuerdo de Leonardo; me habla de él casi todos los días comentándome el nuevo proyecto. Por si fuera poco, se prodiga en una cantidad de detalles que me sacan de mis casillas. Me irrita, el mero hecho de oír su nombre me hace sentir escalofríos. Me gustaría obligarlo a callarse, prohibirle que me hable de esa maldita reforma que tanto lo apasiona. En cambio, me veo obligada a fingir que lo escucho con interés; como ahora.

—Hoy tengo que pasar por la antigua fábrica para ver cómo van las obras —dice hundiendo la cuchara en el tarro de miel—. Si siguen así, acabaremos en un tiempo récord…

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Elena está entrando en un territorio donde el deseo y las emociones comienzan a mezclarse de forma peligrosa.

Lo que ocurre después en Yo te Siento transforma por completo la intensidad de la historia: nuevas decisiones, silencios incómodos y una conexión imposible de ignorar.

Este contenido forma parte del Plan Inspiración.

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