
Los Secretos de Teresa, mi Abuela
«La primera vez que la vi romper las reglas, entendí que yo también quería aprender a romperlas con ella.»
Capítulo VII
Los Secretos de Teresa, mi Abuela
Capítulo VII…
El placer llegó antes que la conciencia.
Fue un rumor cálido que ascendió desde algún lugar profundo de mi cuerpo, una corriente que no reconocí como propia hasta que mi mente comenzó a emerger de la niebla del sueño. Algo húmedo y suave recorría mi piel, una presión alternante que se intensificaba y se aliviaba en un ritmo que mi cuerpo, aún dormido, ya había comenzado a seguir.
Gemí. El sonido escapó de mi garganta antes de que pudiera contenerlo, ronco y extraño en la penumbra de mi propia cabeza. La sensación era demasiado real para ser un sueño, demasiado detallada. La calidez de una boca, el roce de una lengua, la succión profunda que me envolvía por completo y me hacía arquear la espalda sin siquiera estar despierto del todo.
Abrí los ojos.
La luz del sol entraba a través de las cortinas blancas del dormitorio, filtrándose en un resplandor dorado que bailaba sobre las sábanas y las paredes. El día ya estaba avanzado. En la habitación flotaba un aroma mezclado de perfume —el suyo—, sudor del día y la noche anterior y sexo, ese olor inconfundible que ahora ocupaba cada rincón del cuarto como una declaración de pertenencia.
Bajé la mirada.
Y allí estaban sus ojos.
Los ojos de Teresa, fijos en los míos, brillantes y cálidos, con esa mezcla de picardía y complicidad que ya comenzaba a conocer. Su boca estaba ocupada, llena de mí, y cuando notó que yo la miraba, sonrió. O mejor dicho: sonrió con los ojos, porque sus labios estaban demasiado ocupados para curvarse, y esa sonrisa silenciosa, ese parpadeo lento y deliberado, fue su manera de decirme buenos días.
El choque de la realidad me golpeó con la suavidad de un martillo de terciopelo.
Domingo. Ya era domingo.
Los recuerdos de ayer llegaron en oleadas: la llegada a la casa a media mañana, el beso en la entrada, el vestido blanco que ella había elegido, la manera en que habíamos subido las escaleras sin soltarnos, el primer contacto de su piel contra la mía. El sexo se había prolongado durante todo el día, con pausas para beber agua, para recuperar el aliento, para mirarnos y sonreír como dos adolescentes que no podían creer lo que estaban haciendo. Hasta bien entrada la noche, cuando finalmente le había quitado la última prenda —esas medias con ligueros que la hacían parecer sacada de una fantasía, el vestido diminuto y la tanga de hilo que se le incrustaba entre las nalgas— y la había tenido completamente desnuda bajo mí. Su piel blanca iluminada por la luna, su cuerpo voluptuoso desplegado en la cama de su propio dormitorio, en la cama que compartía con mi abuelo.
El pensamiento debería haber sido perturbador.
Pero la boca de Teresa, mi abuela, que no había dejado de moverse mientras yo recordaba, me trajo de vuelta al presente con una succión particularmente profunda.
…
🔥 Continúa descubriendo los secretos de Teresa
Daniel creyó que volver con su familia significaría recuperar el tiempo perdido.
Pero detrás de las reuniones elegantes, las sonrisas familiares y la aparente perfección, Teresa guarda una vida secreta que cambiará para siempre la forma en que él la mira.
Las miradas, los secretos y las escapadas comienzan a convertir la obsesión en algo mucho más íntimo y difícil de controlar.
En Los Secretos de Teresa, mi Abuela, cada decisión lo arrastra más profundo hacia un vínculo prohibido, silencioso y cada vez más peligroso.
Este contenido forma parte del Plan Inspiración.
Este libro, ‘Los Secretos de Teresa, mi Abuela‘, es de mi autoría, Annie Zarel.


