
Pequeñas Cosas
«A veces, lo que cambia tu vida empieza con algo pequeño.»
Ana F. Malory
Capítulo IV
Pequeñas Cosas
Capítulo IV...
Cuando la melodía del teléfono móvil sonó a las seis de la mañana, Diana, sin molestarse en abrir los ojos, estiró el brazo para detenerla y continuó tumbada. Levantarse en ese momento se le antojó misión imposible.
—Pues no haber quedado —se reprendió en voz baja antes de hacer a un lado la sábana y obligarse a salir de la cama.
Con la vista empañada aún por el sueño y arrastrando los pies cual zombi de The walking dead, se dirigió al cuarto de baño. Necesitaba una ducha. Con urgencia.
Veinte minutos después, cuando regresó al dormitorio, con el pelo recogido hacia atrás con una cola de caballo y sintiéndose por fin persona, se situó delante del armario. Se dio cuenta, entonces, de que no disponía de ropa adecuada para montar. Al organizar aquel viaje exprés no se le había pasado por la mente salir a cabalgar, por lo que tendría que apañarse con los pantalones vaqueros y una camiseta; utilizaría las deportivas, porque tampoco tenía un calzado más apropiado. Dejó la cazadora sobre la cama, que haría antes de irse, y se vistió para bajar a desayunar.
Antes de pisar los últimos escalones, supo que su abuela hacía rato que se había levantado.
...
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A veces, las historias más importantes comienzan con momentos aparentemente insignificantes.
En Pequeñas cosas, Ethan y Diana descubren que algunas conexiones llegan cuando menos las esperas… y cambian todo sin hacer ruido.
Pero cuanto más cerca están el uno del otro, más difícil se vuelve ignorar lo que realmente sienten.
Este contenido forma parte del Plan Inspiración.
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