Yo te Miro | Capítulo 7

Portada del libro Yo te Miro | Capítulo 7: Elena, una joven mujer, hermosa, de cabezo castaño. Ella está mirando por la ventana.

Yo te Miro

Trilogía de los Sentidos I

«El deseo despertó el día que me atreví a mirarte.»

Irene Cao

Capítulo VII

Yo te Miro

Trilogía de los Sentidos I

Capítulo VII...

Esta noche he dormido profundamente, como no me sucedía desde hacía mucho tiempo. Habrá sido la monótona canción tibetana o el cansancio acumulado durante los pasados días, el caso es que caí en un estado rayano en el coma y esta mañana me he despertado como si hubiese estado viajando en el tiempo.

No obstante, en cuanto he abierto los ojos mis pensamientos se han presentado con suma puntualidad a la llamada, justo en el punto en que dejaron de atormentarme anoche: la imagen de Leonardo, seductor y escurridizo, se ha vuelto a apoderar de mí. Haciendo gala de un gran dominio de mí misma, me he impuesto liberarme de él y recuperar un mínimo de lucidez. Ahora, mientras trabajo, recuerdo los hechos con la mente más serena —por decir algo— y me doy cuenta de que, como de costumbre, anoche me dejé sugestionar y llevar por mis fantasías: Leonardo solo me trató con galantería. Que además me haya seducido sin pretenderlo es otra historia. Una historia que debo borrar cuanto antes de mi mente. Cuando pase por aquí lo saludaré como todas las mañanas, como si anoche no hubiésemos paseado juntos y yo no hubiese experimentado ninguna de las emociones que, por desgracia, revivo ahora sin poder evitarlo. También ahora. Tendré que hacer un esfuerzo inmenso —¿soy o no soy una campeona del autocontrol?—, pero Leonardo ni siquiera lo notará, porque él, al contrario que yo, no está pensando en eso, desde luego.

Y ahora, Elena, concéntrate en el trabajo.

Dejo en el suelo el equipo y me detengo en el centro del vestíbulo, a unos dos metros de distancia del fresco. De vez en cuando debo pararme para mirar de lejos los colores, para comprender si voy o no en la dirección adecuada. Escruto el fondo, luego me concentro en la granada, que, vista desde aquí, casi parece tridimensional. Ha salido bien, y eso me enorgullece.

Reculo dos pasos y choco con algo. Antes de que me dé tiempo a volverme, dos manos poderosas me aferran por detrás. ¡Leonardo! Un inconfundible aroma a ámbar penetra en mi nariz al mismo tiempo que mi cuerpo queda pegado al suyo, aprisionado en un dulce abrazo.

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La tensión apenas comienza.

Lo que sigue en Yo te Miro profundiza en una conexión cada vez más intensa, peligrosa e imposible de ignorar.

Este capítulo forma parte del Plan Inspiración.

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