El Asesino de la Red Social | Capítulo 18

Portada - Yo te Miro

El Asesino de la Red Social

«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»

Capítulo XVIII

El Asesino de la Red Social

Capítulo XVIII…

Llegó al restaurante con una enorme sonrisa en los labios. Todo estaba saliendo tal y como ella quería y dentro de muy poco tendría su propia venganza. Había visto su rostro antes de entrar y le había encantado. Había logrado hacer surgir en él exactamente la reacción que quería. Por supuesto había editado el video y le había quitado la parte en la que desvelaba parte de su plan aunque sabía que estando en el restaurante lo pondría en silencio.

Se acercó con pasos felinos hasta su presa contoneándose seductora. Sabía que en aquellos momentos él estaría ansioso por llevar a cabo su propio plan. «Estoy habrienta», dijo sentándose mirándolo directamente a los ojos. «Ahora mismo llamo al camarero y…», iba a contestar él cuando notó que ella acariciaba su paquete con su pie desnudo, «No de ese tipo de hambre» replicó seductora. Aquella mujer era una caja de sorpresas y le encantaba, era una lástima que aquel fuera a ser su último día.

Dirigiendo una mirada lasciva al generoso escote que su vestido rojo dejaba a la vista sonrió y asintió mientras dejaba un billete sobre la mesa para que el camarero se cobrase el vino y se quedase con una jugosa propina.

Llegaron a la habitación de hotel que sería testigo de todo lo que pensaba hacerla. Ella fue la última en entrar y cerrar la puerta. Él no pudo resistirlo más llevaba demasiado tiempo esperando aquel momento. Sujetando su cabeza con fuerza comenzó a besarla con furia. Sabía que iba a ser mejor que su hermana pero no esperaba que tanto. De repente ella lo empujó con fuerza y lo tiró sobre la cama. Ella sonreía traviesa y a él le encantó aquella nueva sorpresa «Te aseguro que jamás volverás a estar con alguien como yo», dijo empezando a quitarse el vestido y dejando al descubierto un cuerpo perfecto. Dio un paso hacia él, que se afanaba en desnudarse cuando el teléfono de ella volvió a sonar. Él lo maldijo en silencio pero pasase lo que pasase después de que ella atendiese la llamada no iba a permitir que se le escapara, ya había llegado muy lejos como para dejarla ir.

Ella cogió el teléfono pero en vez de descolgarlo, colgó, o al menos eso pensó él. «Nada de interrupciones al menos durante un par de horas, ¿crees que aguantarás?», preguntó sensual a la vez que dejaba de nuevo el móvil en el bolso.

Sonriendo desde la cama, él, totalmente desnudo, la llamó usando un dedo. Ella obedeció, se acercó despacio y acarició el firme estómago de él. La volvía loca igual que la última vez pero ese día ella llevaría las riendas.

«Quiero que te pongas…», dijo pero ella le cortó poniéndole un dedo en los labios y acercando sus labios a su oído «Yo quiero que me folles el culo», susurró haciendo que todo el cuerpo de él se estremeciese. De nuevo aquella mujer lo sorprendía y lo ponía a cien. Ya no recordaba todo lo que tenía pensado hacerla, lo que ella le ofrecía era mucho más jugoso. Riéndose pícaramente ella fue hasta donde había dejado el bolso y sacó un botecito de gel para lubricar y sin más echó una generosa cantidad sobre el miembro de él.

Sentir la mano de ella alrededor de su pene le gustó mucho y cuando de repente ella lo introdujo en su boca el placer se multiplicó. Él la agarró de la cabeza y comenzó a moverse introduciendo y sacando su miembro de su boca a un mayor ritmo hasta que estuvo satisfecho y la soltó. Entonces ella se enderezó se echó una generosa cantidad de gel en la mano y se lo aplicó en el agujero que deseaba que él invadiese. Él la observaba complacido, iba a hacerla gritar de placer la llevaría a lo más alto y después acabaría su obra. Iba a ser una lástima porque tal y como ella había dicho antes nunca volvería a encontrar a una mujer como aquella.

Ella se subió a la cama a cuatro patas incitándole a penetrarla por detrás. Él no iba a hacerse de rogar y menos aún cuando estaba deseando ensartarla con su miembro por cualquiera de sus agujeros. Sin embargo primero jugueteó un poco con ella. Introdujo con cuidado su dedo índice por el culo de ella imprimiendo un ritmo lento. Ella gemía y se retorcía pidiendo más. Con su otra mano comenzó a acariciar su clítoris a la vez que añadía un dedo al índice sin subir ni bajar el ritmo con el que entraban y salían de ella. Ella cada vez se convulsionaba más, estaba seguro de que estaba a punto de correrse y paró. Ella jadeba pidiendo más pidiendo que se introdujera ya dentro de ella y él no la iba a hacer esperar. Despacio y sintiendo un placer infinito la penetró por aquel oscuro y estrecho agujero. Era delicioso. Se habían acabado las delicadezas. Imponiendo un ritmo furioso empezó a entrar y a salir de ella que gritaba de placer con cada nueva embestida. Con una de sus manos volvió a acariciar su sexo provocando también convulsiones. Iba a correrse en cualquier momento y él también. El orgasmo le llegó tan de sorpresa como era de esperar con aquella mujer. Un placer infinito lo recorrió antes de escuchar cómo la puerta se abría a su espalda y el ruido de una pistola preparada para disparar. Pero lo que de verdad le heló la sangre fue escuchar cómo ella decía «Game over».

Este libro es del autor Alison R Lee.
He adquirido esta obra y me he tomado la libertad de compartirla en mi sitio web para mis suscriptores. Si deseas apoyar a la autora y obtener tu propio ejemplar, puedes hacerlo a través del siguiente enlace:

Deja un comentario