
El Asesino de la Red Social
«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»
Capítulo XIII
El Asesino de la Red Social
Capítulo XIII…
Permanecía sentado a oscuras en un rincón de su salón con la vista fija en una televisión apagada. ¿Cómo se había atrevido a dejarle sin diversión, a marcharse sin más? Lo sabía, había sabido desde el principio que aquella mujer no era como el resto. No debía haberse presentado en aquel restaurante, más aún no debía haberse puesto en contacto en primer lugar con ella. «La curiosidad mató al gato» o eso decían y creía entender por qué. Buscaría otra presa, una más fácil, inocente y estúpida que no se diera cuenta de lo que estaba pasando hasta que no fuese demasiado tarde.
Un mensaje llegó a su móvil haciendo que vibrase y que la pantalla se iluminase y con ella toda la sala. Él miró al aparato con desconfianza incluso con asco como si fuera un bicho asqueroso. Receloso cogió el aparato. Aquella sensación de que algo iba mal, de que debía dejarlo estar volvió a asaltarle cuando vio en nombre de ella en la pantalla. Sin embargo no pudo evitarlo, era demasiado tentador y abrió el mensaje. «Siento mucho lo de hoy pero te prometo que si volvemos a quedar te dejaré que me hagas todo lo que quieras, absolutamente todo…».
Las manos le temblaban, esa parte de él que quería poseerla sin compasión volvió a superar a esa otra que le advertía de que estaba jugando con fuego y se iba a quemar.
Sus dedos comenzaron a teclear casi con vida propia, «Podríamos vernos mañana y así te daría tu merecido por haber sido una niña mala». Envió el mensaje y esperó ansioso la respuesta de ella. Empezó a sudar por la tensión que aquella espera le estaba causando. Tenía que acabar con ella cuanto antes, le hacía débil y eso no le convenía en absoluto. Cuanto antes volviese a quedar con ella y consumara su propósito, antes volvería a ser dueño de su ser.
La pantalla del teléfono volvió a encenderse a la vez que vibraba anunciando un nuevo mensaje. Una sonrisa torcida se formó en sus labios al leer la respuesta y al ver la imagen que ella acababa de mandarle. Iba a disfrutar mucho con ese cuerpo antes de acabar con ella. Era idéntica a su hermana. Pasó el dedo sobre la pantalla del móvil recorriendo las líneas de su cuerpo desnudo, de sus duros pezones, de su sexo.
Sin dejar de mirar la pantalla de su teléfono se desabrochó los pantalones y se los bajó un poco junto con sus calzoncillos. Aquella imagen le había puesto cachondo y su miembro estaba erecto y listo para la acción. Concentrándose en la fotografía comenzó a masturbarse moviendo su mano de arriba abajo sobre su pene. La explosión de placer no tardó demasiado, aquella mujer le ponía muy caliente. El móvil vibró entre sus manos anunciando un nuevo mensaje «Seguro que ya te has corrido, ¿a que sí?».
Su corazón comenzó a latir desbocado. ¿A caso lo estaba vigilando? No, sólo estaba jugando con él, debía ser eso. Aquella mujer no sabía con quién estaba jugando y que todos lo que lo intentaban se acababan quemando.
Este libro es del autor Alison R Lee.
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