El Asesino de la Red Social | Capítulo 12

Portada - Yo te Miro

El Asesino de la Red Social

«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»

Capítulo XII

El Asesino de la Red Social

Capítulo XII…

El teléfono de ella sonó cuando la conversación estaba en su punto álgido. Él la miró confundido mientras ella guiñándole un ojo contestaba. Al otro lado la voz del detective le dijo que era el momento de que saliera de allí. Ella, sin perder la sonrisa colgó el móvil. «Lo siento, pero tu amiguito tendrá que esperar hasta la próxima vez que nos veamos para llegar hasta su ansiado y caliente premio», dijo ella acariciando suavemente su paquete por debajo de la mesa con un pie. Su cara era de total desconcierto al darse cuenta de que aquel día no acabaría con su presa. Sin decir nada más pero manteniendo el contacto visual se levantó de la mesa. «Espero que esto haga que quieras volver a llamarme», le susurró al oído. Lo besó por sorpresa y cuando él iba a corresponderla se apartó riéndose y abandonando el restaurante.

Una vez fuera paró un taxi y le dio la dirección del poli buenorro. No se había puesto aquella ropa para tener que volver a su hotel y tener que consolar el calentón que la recorría todo el cuerpo con la pera de la ducha.

Sonrió al pensar en el policía. Le tenía preparado un lugar especial en sus planes. Le estaba dejando pensar que quien mandaba allí era él cuando en realidad iba a ser ella quien moviese todos los hilos y no iba a descansar hasta que tuviese su propia venganza. Nunca hubiera podido imaginar que aquella experiencia sufrida gracias al asesino de la red fuera a convertirla en aquella persona que era ahora más fuerte, más decidida, más valiente.

Llamó a la puerta con los nudillos, por alguna razón le pareció más adecuado. Su cara de asombro no tenía precio. La miró de arriba abajo haciéndola vibrar sin querer. Ella se lanzó a él sin pensárselo dos veces devorando aquellos increíbles labios que la volvían loca. Un poco aturdido aún, él logró cerrar la puerta mientras ella seguía enganchada a su cuerpo. Notó la urgencia de ella enseguida y sabía perfectamente lo que tenía que hacer para saciar su sed, la sed de ambos.

La quitó ese vestido negro diminuto con el que se había vestido para su cita con el asesino de la red mientras ella hacía lo mismo quitándole a él su camisa y sus pantalones. Con delicadeza ella acarició su paquete por encima sin dejar de besarlo a la vez que él introducía su mano dentro de sus braguitas provocando un gemido en ella que lo excitó aún más. No podía más, necesitaba introducirse dentro de ella. Le dio la vuelta para colocarla contra el sofá, ella se dejó hacer encantada inclinándose y dejando el culo el pompa. Él se bajó los calzoncillos con una mano mientras que con la otra continuaba acariciando el clítoris de ella desde atrás. Cuando al fin su enorme miembro estuvo libre deslizó las diminutas braguitas tanga de ella sólo un poco, se colocó detrás de ella sujetando con decisión su miembro en las manos y lo introdujo dentro de ella con una sola embestida provocando en ella un sonoro gemido de placer que de seguro se había oído en todo el apartamento, pero le daba igual. Comenzó a moverse de forma frenética dentro de ella agarrándola por la cintura mientras ella no paraba de gritar y de pedir más. Soltó sus caderas y empezó a acariciar y pellizcar sus pezones sin darle tregua. Sin duda estaban despertando a todo el vecindario y esa idea le encantó. Dejando una de sus manos en uno de sus pechos sin dejar de masajearlo bajó la otra mano hasta su clítoris. Ella se retorcía de placer mientras él no la dejaba respirar ni un segundo, estaba exhausto pero iba a seguir con ese ritmo hasta que… La explosión de placer la sobrevino primero a ella y seguidamente a él llevándoles a un éxtasis que ninguno de los dos había esperado.

Ella sonreía satisfecha y agotada por el ritmo que él había impuesto aunque la próxima vez sería ella quien impusiera las normas. Iba a volverlo tan loco que sería capaz de hacer cualquier cosa por ella, cualquier cosa, incluso matar.

Él no sé podía creer lo que acababa de pasar. Demasiados años sin… y ahora en menos de una semana dos veces y con una testigo. Aquello no estaba bien. Debía cortar aquello de raíz, esa extraña relación que estaba forjando con ella no le traería nada bueno de eso estaba seguro.

Este libro es del autor Alison R Lee.
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