
El Asesino de la Red Social
«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»
Capítulo X
El Asesino de la Red Social
Capítulo X…
Estaba nerviosa y excitada por volver a ver a su asesino. No estaba muy segura de haberlo engañado, aunque había logrado inventarse una vida bastante creíble en la que su antigua yo era una mojigata que nunca había comprendido la vida que llevaba su hermana. Aquella noche tenía que bordar su actuación sino todo su plan se iría al traste y era algo que no estaba dispuesta a consentir.
Iba a pasárselo en grande, pues aunque había acordado con aquel sexy policía que se ceñiría al plan que habían trazado, ella tenía uno muy distinto para aquel día. Sabía que se enfadaría pero le daba igual, además, había visto cómo la miraba, cómo la deseaba y la forma en la que le había hecho suya… Dios, aquel hombre era impresionante y lo tenía comiendo en la palma de su mano, era perfecto.
Se miró en el espejo totalmente desnuda y sonrió encantada por el reflejo que le mostraba. Se puso la ropa interior con cuidado, recreándose en cada movimiento y, después, se puso un elegante y provocativo vestido negro que enseñaba más de lo recomendable. Jamás se habría puesto una prenda así antes pero ahora… Ahora era como si todas aquellas provocativas ropas fueran parte de su piel.
Se miró de nuevo en el espejo. Iba a conseguir que aquel desgraciado quisiera no haber nacido, pero primero le iba a hacer saber lo que se había perdido y de lo que nunca más iba a disfrutar, porque ella personalmente se encargaría de ello. Se puso unas medias negras de las que sólo llegan hasta la mitad del muslo, pensaba volverle loco de deseo antes de acabar con él. Se convertiría en su obsesión, en la única en la que podría pensar y luego se lo quitaría todo.
Se puso unos preciosos zapatos de tacón que hacían más perfecta su figura. Sacó de su bolso el carmín rojo, que ahora se había convertido en parte imprescindible de su vestuario, y se pintó los labios lentamente. Sonrió a su reflejo, satisfecha de su apariencia. Aún no podía creerse en lo que se había convertido, o más bien en lo que él la había convertido. Al final hasta iba a tener que darle las gracias por haber hecho aflorar esa parte salvaje de ella que desconocía. Cogió su abrigo y se cuadró frente a la puerta. Había llegado la hora del espectáculo y estaba segura de que iba a triunfar.
Este libro es del autor Alison R Lee.
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