El Asesino de la Red Social | Capítulo 9

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El Asesino de la Red Social

«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»

Capítulo IX

El Asesino de la Red Social

Capítulo IX…

El plan se había puesto en marcha y él no hacía más que pensar en ella. En sus pechos perfectamente esculpidos, en su cuerpo de diosa egipcia, en su sexo caliente y delicioso.

Cuando ella le había llamado para avisarle de que el juego había comenzado un millón de sentimientos contradictorios le habían sacudido. Por una parte, estaba ansioso por saber si todo aquello funcionaba y lograban coger a ese maldito bastardo y alejarle de las calles para siempre. Por otra, el simple hecho de pensar que aquel cabrón iba a tocarla le ponía furioso y aún más cuando era consciente de que él la había saboreado antes que él.

Le había contado punto por punto cómo lo había seducido. Aquello había hecho que su sangre ardiese, ojalá le hubiera dicho esas cosas a él. Por supuesto el asesino había caído en la trampa, quien no lo haría si el premio era ella. Ahora empezaba a arrepentirse. Tal vez todo aquello no era más que una absurda locura que nunca debían haber puesto en marcha.

Fue al cuarto de baño a refrescarse a ver si así lograba calmarse, aunque lo dudaba. Estaba seguro de que aquella noche volvería a soñar con ella, al igual que había hecho desde que se conociesen. Se miró en el espejo. Pero qué cojones le estaba pasando. Aquello era trabajo y nunca debería haber mezclado el sexo en todo aquello, nunca debió dejar que ocurriese aquella fiesta en el hotel pero… Sus manos comenzaron a temblar. Esa mujer lo tenía hipnotizado y era consciente de ello, lo cual no le reconfortaba. Sabía que si seguía por ese camino haría todo lo que ella le pidiese, fuera lo que fuera, y eso no lo podía permitir.

Volvió al salón y se echó un buen vaso de whisky. Tenía que conseguir echarla de su cabeza, dejar de pensar en ella. Echó un vistazo a la hoja en la que había apuntado los detalles que ella le había dado sobre la cita que ya había concertado con el asesino. Le había descrito hasta la ropa interior que llevaría con la clara intención de perturbarle y por Dios que lo había conseguido. Lo único que le reconfortaba es que ese día ese malnacido no conseguiría nada de ella.

Cerró los ojos y la vio frente a él totalmente desnuda preparada para… Emitiendo un sonoro suspiró, dio un gran sorbo de su vaso y decidió que lo mejor ahora era irse a la cama.

Este libro es del autor Alison R Lee.
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