El Asesino de la Red Social | Capítulo 7

Portada - Yo te Miro

El Asesino de la Red Social

«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»

Capítulo VII

El Asesino de la Red Social

Capítulo VII…

Cuando le abrió la puerta se quedó sin palabras. No era sólo que hiciera mucho tiempo que su amigo no tenía un poco de acción sino que aquella mujer desprendía sensualidad por todos los poros de su piel. Le sonrió pícara al percatarse de que su aspecto le había perturbado sobremanera. Aquello no auguraba nada bueno y debía haberse negado a entrar en ese momento y exigirla que se hubiese puesto otro atuendo más adecuado, pero no pudo. Era un ángel, o tal vez un demonio, en todo caso le daba igual. Nada más traspasar el umbral una única idea martilleaba su cerebro impidiéndole pensar con claridad. Quería arrancar aquel vestido de su cuerpo con sus propios dientes y llevarla más allá del paraíso entre gritos incontenibles.

Le ofreció algo de beber a la vez que cogía dos copas y una botella del minibar. Él estaba de servicio y debería haberle dicho que no, pero no era consciente de sus actos y lo único que quería era lanzarse sobre ella.

«¿Y ahora qué?», le preguntó ella con un claro doble sentido lamiendo de forma sensual sus labios tras beber un sorbo de champagne. Él le explicó el plan. Debía hacerse pasar por su gemela, volver a contactar con él, seducirlo y llevarle a la trampa que acabaría con su carrera de asesino. Ella le miraba con ojos brillantes de emoción haciendo que las palabras se le atascasen en la garganta una y otra vez. Era tan condenadamente hermosa. «Será un juego maravilloso», comentó ella dejándole un tanto intrigado mientras no dejaba de mirarle y sonreírle como si le estuviese invitando a algo más.

Un poco de cordura llegó hasta su cerebro y haciendo un gran esfuerzo se despidió de ella. «¿De verdad va a marcharse ya?», le preguntó ella lanzándole una mirada que recorrió todo su cuerpo hasta pararse en su paquete, obviamente más abultado de lo normal. «¿No le apetece jugar a usted también?, porque me parece que su amiguito está deseando salir al campo de juego y le puedo asegurar que me encargaré de que se lo pasé bien». Aquellas palabras fueron una clara señal de que debía largarse de allí si no quería que aquello se le escapase de las manos. Pero su cuerpo no respondía y se quedó ahí pasmado observándola con cara de lelo poniéndole en bandeja que efectuase su siguiente movimiento. «Ya sabía yo que a usted le gustaba también jugar», comentó acercándose a él sin perder tiempo y desabrochando su pantalón.

La agarró del brazo para impedir que continuase quitándole el calzoncillo y dejase libre su erección. «Vamos, Rick, déjese llevar», pronunció su nombre de una forma tan sensual que por poco echó a perder toda la diversión que le esperaba. Sin pedir permiso ella le besó con violencia, introduciendo su lengua en su boca buscando con avidez la suya. Ese fue el momento en el que él perdió totalmente la razón y se dejó llevar a ese mundo de pecado y lujuria al que ella le había invitado.

Él comenzó a acariciar el cuerpo de ella con un deseo irrefrenable que aumentaba sin control. Iba a arrancarle el vestido cuando ella se apartó observándole divertida. «Aún no, quiero divertirme un poco antes de dejarte llegar al pastel», le susurró al oído. Él jadeaba sin aliento, aquella mujer le había puesto a mil con sólo besarle. «Ahora vas a prometerme que serás bueno y no vas a tocarme hasta que yo te diga», dijo separándose un poco de él observándole con deseo. Él asintió, sin saber por qué pero no pudo resistirse a entrar en su juego, algo que nunca debería haber hecho.

Sin más bajó sus pantalones dejando su pene al descubierto, totalmente erguido y deseoso de atravesarla una y mil veces hasta explotar de placer. Ella se arrodilló y cogió su miembro con una de sus manos provocando en él un gemido involuntario. Le miró con esa sonrisa que lo único que auguraba era más lujuria y lo introdujo dentro de su boca. No hay palabras para describir el placer que le hacía sentir el notar su polla entrando y saliendo de la boca de ella, su lengua trazando círculos en su punta, su mano creando un ritmo frenético que le estaba llevando hacia ese final feliz que todos queremos. Pero cuando estaba a punto de correrse, ella paró y le sonrió traviesa, sabiendo perfectamente lo que había hecho.

Ella se levantó despacio, recorriendo con sus manos el cuerpo de él. «¿Qué quieres hacer ahora conmigo?», le susurró ella de nuevo al oído. «Quiero follarte», contestó totalmente excitado. «¿Y a qué estás esperando?».

Aquellas palabras fueron como un interruptor. De repente se encontró arrancándole el vestido con furia y deseo y chupándole los pezones con ansia mientras ella no dejaba de gemir y de pedir más. Le quitó las bragas casi con desesperación y se asombró al ver su perfecto sexo totalmente depilado, aquello le puso más caliente. Quería chuparlo, saborearlo. Introdujo su lengua en su sexo y comenzó a moverla con violencia provocando más gemidos en ella que le animaban a seguir. No pudo evitarlo y metió uno de sus dedos dentro de ella comenzando a moverlo con un ritmo enloquecedor. Ella se apoyó en él incapaz de seguir erguida por todo el placer que él le estaba dando. Dos dedos, le metió dos dedos y continuó hasta que sus gemidos fueron como una explosión y todos sus músculos se contrajeron en un enorme orgasmo.

Ahora era su turno. Sin dejarla descansar la tumbó sobre el sofá y la penetró sin darle tiempo siguiera a serenarse un momento. Los gemidos le animaban a embestirla cada vez con más fuerza, más rápido, hasta que no pudo más. Aquel orgasmo fue delicioso, uno de los mejores que había tenido en su vida.

Este libro es del autor Alison R Lee.
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