
El Asesino de la Red Social
«Donde la venganza arde, el deseo también hierve.»
Capítulo VI
El Asesino de la Red Social
Capítulo VI…
Observaba su imagen nerviosa en el espejo del baño. Su rostro al fin había vuelto a su ser y parecía que nunca hubiera sido brutalmente golpeado. Al fin volvía a reconocerse al mirar su reflejo, de nuevo era la mujer hermosa y seductora que siempre había sido. Pero algo había cambiado sutilmente en su mirada, algo que hacía que no encarase la vida de la misma forma de antes. Algo oscuro se cernía en ellos, algo que aún no había llegado ni a imaginar.
Cogió un pintalabios de color rojo intenso que había comprado aquella misma tarde en una tienda cercana al hotel, en el que seguía hospedada. Se propuso el comprar aquel carmín en el mismo momento en el que había colgado al policía sexy. No había vuelto a saber de él desde el día que había ido a tomarla declaración al hospital y en el que había comenzado a tramar un macabro plan para atrapar a su agresor. Así se lo había pedido él, la había asegurado que sería ella quien se pondría en contacto con él en cuanto todo estuviese solucionado.
Sonriendo de forma pícara y provocativa a su propia imagen se pintó los labios. Jamás había usado aquel color, siempre había sido más de colores discretos pero, ahora que iba a fingir ser otra persona, prefería forjarse una identidad totalmente opuesta a la suya sólo por experimentar qué se siente sin tener miedo a ser juzgada. Se observó satisfecha durante largo rato. Con aquel maquillaje parecía salida directamente de una revista de moda. ¿Cómo reaccionaría el policía buenorro al verla?
Miró su reloj, en media hora lo sabría pero antes debía vestirse y sabía muy bien qué era lo que se iba a poner. Plantada frente al armario del hotel observó con lujuria el sensual vestido rojo que sólo se había puesto en una ocasión para una boda y que hacía destacar todas y cada una de sus voluptuosas curvas. Antes cogió un elegante pero muy erótico conjunto de braguita y sujetador negro de encaje que hubiera sido la envidia de cualquier stripper. Una vez se lo hubo puesto se miró en el espejo admirándose de lo que esas escasas prendas ensalzaban su figura. Con cuidado de no estropear su sesión de maquillaje y peluquería, se puso aquel magnífico vestido rojo con el que el policía caería sus pies sin ninguna duda.
Al mirarse de nuevo pensó en su agresor, iba arrepentirse muchísimo de lo que la había hecho cuando se presentase ante él con aquella nueva y mejorada imagen. Iba a hacer que se volviese loco de lujuria, como él había hecho con ella antes de dar su estocada final. Había conseguido sobrevivir y no iba a dejar que todo aquello se quedase allí. Le haría pagar, le pondría la miel en los labios para luego quitárselo todo.
Sacó de su caja unos hermosos zapatos negros de tacón que serían la guinda del pastel del conjunto que llevaba puesto. Con ellos su figura parecía aún más perfecta. Era la tentación en persona con aquel atuendo y le encantó, todos se rendirían a sus pies.
Unos golpes en la puerta la asustaron levemente. Había llegado la hora de empezar la función y pensaba pasárselo en grande. Con paso firme y elegante, contoneando la cadera sensualmente, se dirigió a la entrada y, al colocar su mano en el pomo, un pensamiento cruzó su mente «Game is on».
Este libro es del autor Alison R Lee.
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